Las Hermanas Misioneras de Santa Rosa de Lima

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Las Hermanas Misioneras de Santa Rosa de Lima, es una comunidad fundada por la

Las Hermanas Misioneras de Santa Rosa de Lima, es una comunidad fundada por la Madre Magdalena Sánchez Pérez, el 07 de Agosto de 1939 en el municipio de Pradera Valle del Cauca (Colombia).

Nuestro Señor nos ha introducido en el campo de la Iglesia y aceptado como

Nuestro Señor nos ha introducido en el campo de la Iglesia y aceptado como cooperadoras en la obra de la Redención, por esto ella cuenta con nuestra colaboración completa y generosa para que, como administradoras fieles de tan preciado don, sintamos con la Iglesia y actuemos siempre con ella. Art. 11

COMO TÚ ME HAS ENVIADO AL MUNDO, YO TAMBIÉN LOS HE ENVIADO AL MUNDO

COMO TÚ ME HAS ENVIADO AL MUNDO, YO TAMBIÉN LOS HE ENVIADO AL MUNDO (Jn. 17, 18)

Llamadas a la Santidad: "Porque esta es la voluntad de Dios, vuestra santificación" (1

Llamadas a la Santidad: "Porque esta es la voluntad de Dios, vuestra santificación" (1 Ts. 4, 3) Y santificadas por el bautismo debemos, con la gracia de Dios, conservar y llevar a Plenitud Vivir como conviene a losen nuestra vida la Santidad que santos recibimos, (Ef. 5, 3) y producir los frutos del Espíritu Santo para llegar a ser santas. Art. 6

La Vida Común Fraterna, adquiere significado especial en la vida consagrada. Es participación en

La Vida Común Fraterna, adquiere significado especial en la vida consagrada. Es participación en la comunión trinitaria, y es manifestación palpable de la comunión que funda la Iglesia, y, al mismo tiempo, profecía de la unidad a la que tiende como a su meta última. El signo por excelencia, dejado por el Señor, es el de la fraternidad auténtica: «En esto conocerán todos que sois mis discípulos, en que os amáis los unos a los otros» . El amor de Cristo, derramado en nuestros corazones, nos impulsa a amar a los hermanos y hermanas hasta asumir sus debilidades, sus problemas, sus dificultades; en una palabra, hasta darnos a nosotros mismos. Cuanto más intenso es el amor fraterno, mayor es la credibilidad del mensaje anunciado. Las personas que siguen a Cristo en la vida consagrada, deben aspirar, ir allí donde Cristo fue y hacer lo que él hizo. En el testimonio de la Vida Fraterna es donde mejor se percibe el corazón del misterio de la Iglesia como sacramento de la unión de los hombres con Dios y de los hombres entre sí LA FRATERNIDAD ES UN DON QUE HEMOS DE ACOGER CON GRATITUD. PERO ES TAMBIÉN UNA TAREA QUE SUPONE ESFUERZO Y EMPEÑO PARA CONSTRUIRLA.

Maria, Hija del Padre, Madre del Hijo y esposa del Espíritu Santo, ocupa después

Maria, Hija del Padre, Madre del Hijo y esposa del Espíritu Santo, ocupa después de Cristo, el lugar más alto y el más cercano a nosotros. La Santísima Virgen María Concibiendo a Cristo, engendrándolo, alimentándolo, presentándolo a la humanidad como la Luz del mundo, padeciendo con su Hijo mientras Él moría en la Cruz, cooperó en forma del todo singular, por la obediencia, la fe, la esperanza y la encendida caridad, en la restauración de la vida sobrenatural de los hombres. Por tal motivo es nuestra Madre en el orden de la gracia. “María como virgen llega a ser Madre del Hijo de Dios” y en ella, la virginidad y La maternidad, que son las “Dos dimensiones de la vocación femenina”, se han encontrado y unido de modo excepcional, “de manera que una no ha excluido la otra, sino que la ha complementado admirablemente”, ella nos ayuda “a vislumbrar el modo en que éstas dos dimensiones y estos dos caminos de la vocación de la mujer, como persona, se explican y se complementan mutuamente”. Art. 16

Santa Rosa de Lima, al igual que cada una de nosotras, no nació santa,

Santa Rosa de Lima, al igual que cada una de nosotras, no nació santa, sino que trabajó y luchó para serlo. Rosa tenía espíritu misionero y convencía a los de su orden para que fuesen a predicar la Palabra de Dios a los hombres. Nosotras hacemos nuestro su ideal misionero y acuñamos su lema “Fuera de la cruz, no hay camino por donde se pueda subir al cielo”. “No se adquiere gracia sin padecer aflicciones”. Art. 17