Sacramentos 101 Matrimonio 13 Hablando de la espiritualidad
Sacramentos 101 Matrimonio 13
Hablando de la espiritualidad conyugal, decíamos que se deben practicar las virtudes cristianas. Una es la castidad conyugal. La pasión es buena, porque ayuda a unirse los esposos, pero debe ser controlada por la razón. Esto es porque no somos simples animales, sino que tenemos otros instintos superiores, sobrenaturales que debemos sobrevalorar.
La continencia en circunstancias y por cierto tiempo, como veremos, no es que haya que soportarla sino aceptarla como aceptamos muchas cruces en esta vida. Estos periodos de sacrificio ofrecidos a Dios serán beneficiosos para ellos y para los hijos, que van recibiendo una mejora en la educación.
Entre las razones de los beneficios está el que salva la rutina que suele ser nociva. Y el sabor del amor se puede perder cuando el arrebato instintivo es constante. Sobre todo para que se realce que la unión de los espíritus y almas es más importante que la unión de los cuerpos. Y está demostrado que muchas veces la continencia que a veces deben hacer por necesidad les une más en el amor.
Los esposos deben saber que para que la continencia sea positiva debe ser aceptada no soportada. Aceptada como una cruz. Y lo que humanamente les parece a algunos imposible, se puede con la gracia de Dios. Hay una frase cristiana, cuyas ideas vienen desde san Pablo: “Dios no manda cosas imposibles; pero cuando manda, advierte que hagas lo que puedas y que pidas lo que no puedas, porque Él ayuda para que puedas”.
Por eso es necesaria la oración. Las tentaciones vendrán y no sólo de la carne interior sino del ambiente mundano que nos rodea. Y para que unos esposos puedan llegar a la castidad conyugal, hay que prepararse con una castidad antes del matrimonio. Se requiere una disciplina sexual en la juventud, porque si no está controlada en la juventud, será mucho más difícil controlarla en el matrimonio.
Todo esto tiene mucha relación con el tema de hoy sobre la “paternidad responsable”. Es un problema grande en el matrimonio. Se trata de pensar y decidir entre los esposos si quieren tener muchos hijos o pocos. Los esposos no sólo se casan pensando en ellos, sino que van a tener hijos. Por eso el instinto sexual debe ser controlado y orientado por las facultades espirituales. Pues lo sensual puede elevarles a gran altura o precipitarles al abismo.
Cuando se buscan las intimidades carnales fuera del matrimonio, en vez de ser un exceso de sensualidad, como algunos dicen, no tiene la fuerza, la verdadera significación y destino. La dicha más pura de los esposos es seguramente la de dar vida, colaborar con Dios en la creación, poblar la tierra y el cielo. El amor humano sólo encuentra la plenitud y desarrollo en la fecundidad.
Dar la vida es justificar el amor y para algunos es como cumplir uno de los más grandes actos religiosos. Trasmitir la vida es la cima de la actividad de los esposos en el momento cumbre de su vida religiosa. La fecundidad corona el misterio del amor. Es reavivarlo en ellos y en los hijos. Es un cariño nuevo, una vida nueva, un amor nuevo.
Pisando el campo nevado embargóme la alegría. Automático
Pisando el campo nevado embargóme la alegría.
Y es que lo nuevo te alegra porque lo viejo se olvida.
Y es que lo nuevo te alegra porque lo viejo se olvida.
Nuevo beso a la esposa, nueva tu mejor sonrisa,
nuevo el cariño a tu hijo y el quehacer de cada día.
Cosas nuevas, vida nueva, nuevo amor, alma nueva.
Cosas nuevas, vida nueva, nuevo amor, alma nueva.
Por ello, si cambias lo viejo por lo nuevo de los días,
son felices tus adentros, mucho más feliz tu vida.
son felices tus adentros, mucho más feliz tu vida.
Nuevo beso a la esposa, nueva tu mejor sonrisa,
nuevo el cariño a tu hijo y el quehacer de cada día.
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Después de esta vida nueva vienen problemas y aparentes contradicciones. Pero a veces hay gente pobre que no pone trabas en esto. Y sin embargo hay gente más rica, muy metida en problemas materiales que ponen dificultades. Y uno pregunta ¿Cuántos hijos deberíamos tener? Y decimos que los que van a ser padres deben tratarlo de manera responsable.
Como no somos meros animales, este problema debe ser controlado por la razón unida a la gracia de Dios. En esta materia sobre cuántos hijos conviene tener no se pueden dar demasiados consejos fijos, porque nadie puede sustituir a los propios interesados y hay mucha variedad de circunstancias en la vida y aun de un sitio a otro. Pero se pueden dar orientaciones que ayuden.
A veces se da como una aparente contradicción en el hecho de quizá no conviene tener hijos y sin embargo hay una necesidad o conveniencia moral de esas manifestaciones afectivas, incluso físicas. El concilio vaticano II decía que la Iglesia recuerda que no puede haber contradicción verdadera entre las leyes divinas de la trasmisión obligatoria de la vida y del genuino fomento del amor conyugal. Los dos son buenos y santos.
La contradicción tiene que ser sólo aparente, pues Dios estaría en un error. Así que hay que buscar soluciones, entendiendo lo de la paternidad responsable. Los esposos son los que tienen que evaluar la conveniencia o no, las circunstancias diversas, etc. Pero la Iglesia nos dice por medio del Concilio que los esposos no pueden actuar con instinto ciego sino con sabiduría y prudencia.
Para actuar de manera responsable hay algunas normas. Una norma a tener en cuenta es que esta previsión sobre cuántos hijos vayan a tener no debe ser hecha de forma rígida, como algo que debe establecerse para siempre en los comienzos del matrimonio. De ser jovencitos a ser algo mayores las circunstancias e ideas han cambiado como las capacidades. Debe revisarse según vengan los años.
Hay que formular convenientemente los verdaderos datos del problema, ya que los egoístas buscan soluciones fáciles. Es decir, es necesaria la lucidez y lealtad interior de los esposos. Porque si la solución se busca con sentido egoísta, estamos fuera de lo que tratamos que debe ser de paz y caridad y de amplitud que se debe tener al proceder ante Dios. Es decir, es necesaria la sinceridad.
Otra virtud necesaria en la paternidad responsable es la generosidad cristiana. Hay algunos que creen que sólo pueden tener un hijo o dos a lo más, y les falta la generosidad cristiana, que es el abandono en la Providencia divina. Este abandono no es fatalismo o presunción, sino que es el aceptar las privaciones y sacrificios, mientras se ve que aumenta la alegría y el espíritu emprendedor.
Cuando los esposos, al planear sus posibles hijos, lo hacen con generosidad y entrega en las manos de Dios, sienten su ayuda y cómo Dios gana en prodigalidad. Hay ciertas ventajas en la familia con varios hijos. Por ejemplo: Es bueno que un hijo no se sienta solo. Dicen que hay bandas de jóvenes pendencieros por la calle que lo forman quienes, al no encontrar en el hogar con quien jugar de su edad, huyen de casa.
Para una buena paternidad responsable se requiere una prudencia sobrenatural. La prudencia cristiana aconseja a veces espaciar y hasta interrumpir los nacimientos; pero siempre con lealtad, salvando el equilibrio del hogar en sentido profundo, no en sentido profundamente presupuestario. Y unido a la confianza en la Providencia divina sin miedo a la cruz.
Una norma esencial en la paternidad responsable es no decidir nada si no es de común acuerdo. Y recordar que estas virtudes será más difícil tenerlas si no ha habido una buena educación. ¡Qué bueno cuando unos esposos pueden decir que desde niño aprendieron de sus padres las virtudes humanas y a vivir en religión!
De mi madre aprendí a vivir la religión; Automático
y mi padre me enseñó a tener temor de Dios.
De mi madre aprendí a vivir la religión;
Por la noche al descansar, ella siempre me iba a hablar.
Me solía repetir: No te olvides de rezar.
Dios es amor, ella me decía,
Y en ese amor ella vivía.
Era su mundo la oración
En donde estés, está contigo.
Jesús es todo corazón. Hacer CLICK
Hay esposos egoístas que no quieren tener hijos y hacen lo posible, y hasta fuera de la ley de Dios, para no tenerlos. Si es por egoísmo, no está bien. Tampoco es el decir: cuantos más hijos mejor, quizá para llenar el cielo. Hubo un tiempo en que algunos decían: “Los que Dios quiera”. Ciertamente que es bueno si se pretende que crezcan las vocaciones religiosas; pero los tiempos cambian y para ello está la paternidad responsable.
Así que es importante en los esposos la responsabilidad para decidir si tener más hijos o menos. Pero con el pretexto de paternidad responsable en algunos hogares lo que hay es “paternidad confortable”. Son padres que buscan ante todo la satisfacción de sus apetitos. Y esto ya no es cristiano cuando domina el egoísmo buscando la comodidad o la seguridad de sus capitales o caprichos y vanidades.
Una verdadera paternidad responsable necesita disciplina y dominio de sí mismo. Quien no lo tenga suele acabar en el recurso perverso del control artificial. San Pablo se daba cuenta lo difícil que puede ser para los esposos una larga abstinencia en sus relaciones conyugales; pero sí veía razones para distanciar los nacimientos: para no agotar a la madre o por enfermedades o por demasiado agobio material.
Para todo esto se suelen dar algunas observaciones: Se debe evitar retrasar el primer nacimiento, porque se suele crear en el hogar un tipo de vida donde luego se hace más difícil la presencia del niño. Luego, que no se decida a la ligera todo el futuro con sus circunstancias, porque éstas suelen cambiar. Por eso que sean decisiones temporales, siempre mirando el bien de ellos, pero también de los hijos y de la familia en conjunto.
Entonces ¿Qué deben hacer los esposos? Pues a veces deben hacer lo que se llama un “control de fecundidad” o control de natalidad. La solución a la aparente contradicción, que vimos antes, no puede ser algún método contra la naturaleza o contra las leyes divinas como, por ejemplo, el aborto o el infanticidio.
La Iglesia condena como ilícitos los métodos que sean contrarios a la fecundación. Sobre esto en particular que los que sean interesados lo estudien o pregunten en movimientos apostólicos de la Iglesia relacionados con ello. Pero en general la Iglesia indica y ha recomendado desde hace bastante, como un camino posible, la “continencia periódica”, método basado en los momentos de fecundidad o no de la mujer.
Las mujeres saben que, en general más o menos, sólo pueden ser fértiles en una tercera parte del mes y no en las dos terceras partes. Por lo tanto quien no desea tener hijos, por lo que sea, debe abstenerse del acto conyugal en esa tercera parte. Muchos lo ven muy difícil y hasta heroico. Lo pueden tomar como un sacrificio, como se hacen grandes sacrificios para obtener cosas grandes. Así pasa por necesidad con políticos, deportistas, etc.
Hay ocasiones en que políticos tienen que viajar y faltar del hogar varios días o tienen que hacer otros sacrificios para poder ganar; y quizá ni ganan. Y es lo que les pasa a muchos deportistas: deben hacer grandes sacrificios para entrenarse. Pues así pueden tomar los esposos esa tercera parte del mes. Así, sin hacer nada contra la naturaleza, consiguen el no tener hijos en esa temporada. Y mejor si lo hacen con espíritu cristiano.
Y ¿Cuál es esa tercera parte? Pues que cada uno consulte al médico o enfermera que entienda de estas cosas. Digo cada pareja o cada persona, porque no debe ser igual para todas. Se supone que cada día o año serán más exactos en los cálculos. La cuestión es que en esto los esposos deben ser exigentes y no egoístas, buscando el bien, pero dispuestos a hacer algún sacrificio en bien de Dios, de la sociedad y de ellos.
Sobre todo esto hay algunas cuestiones curiosas para sacar de dudas a algunos. Está comprobado que son muchas más las mujeres que se enferman por evitar los hijos, sobre todo si usan métodos que van contra la naturaleza, que las que se enferman teniendo hijos. Y que en el método de “continencia periódica” dicen algunos que hay fracasos. Claro, si se usa mal. Por eso conviene consultar bien con el médico.
Sobre que es imposible y habría que hacer un gran heroísmo es menospreciar a tantos que por asuntos materiales lo tienen que hacer, por trabajos y enfermedades. El hecho es que hablando a cristianos, la continencia periódica entra en el plano de la virtud, en el espacio de la virtud de la castidad conyugal. Y para todas las virtudes necesitamos la gracia de Dios.
Por eso hay que pedirlo con mucha fe. En realidad toda la vida es un heroísmo constante si se vive plenamente. La abstinencia puede ser un heroísmo; pero la aceptación del hijo también puede ser un heroísmo. Porque a veces se concibe un hijo no deseado y cuesta aceptarlo plenamente con mucho amor. Por eso debemos orar al Señor.
Automático
con ella borrarás mi mal humor.
y yo pondré ternura alrededor.
ni tu gracia ni tu amor ni tu confianza, no me faltarán.
ni tu gracia ni tu amor ni tu confianza, no me faltarán.
porque ella hará que mire con amor.
y yo sabré también sembrar perdón.
No, Señor, no me faltarán
ni tu gracia ni tu amor ni tu confianza, no me faltarán.
No, Señor, no me faltarán
ni tu gracia ni tu amor ni tu confianza, no me faltarán.
La Madre desposada intercederá por los esposos suplicantes. AMÉN
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