rase una vez un hombre a quien Dios
Érase una vez un hombre a quien Dios concedió un don muy especial. . .
. . . directo al corazón
. . . Y comenzó a ver las cosas de otro modo. . . , con ojos nuevos. . .
. . . Y a escuchar el clamor de muchos hombres. . .
. . . Y a hablar palabras de salvación. . .
. . . con sus manos comenzó a hacer muchas cosas en favor de los demás. . .
Llevando siempre en El ellas mensaje de Jesús
Claret fue un alma grande. . .
. . . nacida como para ensamblar contrastes.
Pudo ser humilde de origen. . .
Pero glorioso ante los ojos del mundo.
Pequeño de cuerpo. . .
. . . pero de espíritu
De apariencia modesta,
. . . pero capacísimo de imponer respeto a los grandes de la tierra.
Fuerte de carácter, . . .
. . . pero con la suave dulzura. . .
. . . de quien conoce el freno de la actividad y la penitencia.
Siempre en la presencia de Dios. . .
. . . aun en medio de su prodigiosa actividad exterior.
Calumniado y Admirado. . .
. . . festejado y perseguido.
Y entre tantas maravillas, como una luz que todo lo ilumina. . .
. . . su devoción a la Madre de Dios.
San Antonio María Claret murió en Fonfroide (Francia) El 24 de octubre de 1870
Estas palabras fueron escritas en su lápida: “AMÉ LA JUSTICIA, ODIÉ LA INIQUIDAD. POR ESO, MUERO EN EL DESTIERRO”
Pero no todo acabó ahí
Los misioneros que él fundó, fieles a su espíritu, se encuentran repartidos en 57 naciones por los cuatro puntos cardinales
Los claretianos nacimos como Congregación en España. . .
. . . En una pequeña celda del seminario de Vic en 1849
“Hoy comienza una grande obra” 16 de julio de 1849 Y así fue.
Hoy más de. . . se encuentran Al servicio de la evangelización en todo el mundo
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