Hemos visto cmo celebrar la fe Veamos ahora
Hemos visto cómo celebrar la fe. Veamos ahora dónde celebrar esta fe. Nosotros no somos seres separados, sino somos un Cuerpo Místico de Cristo. Somos Iglesia que se reúne gozosa para celebrar la alegría de Cristo Jesús que está con nosotros. Por eso necesitamos lugares especiales para la celebración.
Y porque es bueno y conveniente el que haya edificios propios para celebrar las asambleas litúrgicas, desde siempre los cristianos han procurado tener edificios dedicados al culto, siempre que han tenido la libertad para levantarlos, significando la iglesia o comunidad de fieles que mora en ese lugar, unidos entre sí y con Cristo, que vive entre nosotros.
Lo primero que debemos tener en cuenta es que Jesús dijo que el culto debe ser sobre todo “en espíritu y en verdad”. Por encima del templo material, existe socialmente otro templo espiritual formado por la unión del Cuerpo Místico, que camina hacia Dios en un cierto lugar.
De ese edificio espiritual nosotros debemos ser piedras vivas, incorporadas a Cristo, miembros de su Cuerpo, que siempre estamos en construcción, porque vamos caminando hasta que lleguemos a la Iglesia totalmente edificada en el Cielo. Si vamos con este espíritu, la celebración tendrá algo más especial.
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Pueblo reunido,
Celebremos todos juntos este día del Señor,
el día de la alegría y de la resurrección.
Renacidos del bautismo, fuente de la salvación.
Somos piedras vivas,
Pueblo reunido, viña de elección.
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Preguntaba un día el papa Francisco a multitudes de personas en la plaza de san Pedro: "¿Somos piedras vivas o, por el contrario, somos, por así decirlo, piedras cansadas, aburridas, indiferentes? “ Esto es lo primero: ser piedras vivas en el espíritu. El hecho es que somos espíritu y materia. Y necesitamos edificios externos destinados al culto y que puedan servir al mismo tiempo de lugares de oración.
Nuestros templos son para las celebraciones en honor a Dios y para la oración. Decía el Conc. Vat II: "En la casa de oración se celebra y se reserva la sagrada Eucaristía, se reúnen los fieles y se venera para ayuda y consuelo de los fieles la presencia del Hijo de Dios, nuestro Salvador, ofrecido por nosotros en el altar del sacrificio. Debe ser hermosa y apropiada para la oración y para las celebraciones sagradas“.
Cuando hablamos de edificios para el culto cristiano, desde el principio se tuvo un concepto muy diferente de lo que eran los templos paganos, especialmente conocidos en Roma y Grecia, y del templo judío que estaba en Jerusalén.
Los templos paganos eran bastante pequeños. La razón era porque no se hacían para que entrara el pueblo, sino que era el lugar donde estaba la divinidad. Y los devotos de esa divinidad hacían su templo hermoso. Cuando llegó san Pablo a Atenas se extrañó viendo la plaza rodeada de diversos templos, pues cada uno era para una divinidad: Minerva, Apolo, Zeus, etc.
Los judíos tenían un único Dios. Y por lo tanto pensaban que sólo debían tener un solo templo, que estaba en Jerusalén. En ese templo había una parte donde pensaban estaba especialmente Dios. En ese lugar no entraba prácticamente nadie. Luego había unos patios para la enseñanza y la oración de hombres y mujeres separados; y patios más exteriores para los mercaderes, a quienes echó Jesús.
Los cristianos reconocemos que el templo de Dios es sobre todo la santa humanidad de Jesús y nosotros somos las piedras vivas. Pero nosotros por el bautismo somos también templo de Dios, por lo que Jesús dijo: A quien me ama “vendremos a él y haremos morada en él”.
Pero necesitamos edificios especiales para las celebraciones cultuales y para la oración. De hecho una gran parte de estos edificios son para el culto y para la oración. Pero en otros existe la distinción: La gran parte del edificio es para las celebraciones y una parte o capilla se dedica a la oración. Esta se suele llamar el oratorio.
Aunque no tanto el concepto del templo, pero sí la realización, tiene mucha historia. Al principio después de Pentecostés, los apóstoles para orar, y aun para enseñar, acudían al templo de Jerusalén. Sin embargo para celebrar la Eucaristía se reunían en casas particulares. Las más célebres eran la casa de la madre de san Marcos y el cenáculo, casa de un amigo de Jesús.
Después, cuando las persecuciones principalmente en Roma, se reunían para celebrar en las catacumbas, que eran lugares subterráneos de enterramientos. Otras veces se celebraba en casas de amigos, como nos cuenta el mismo san Pablo. Esto fue hasta que llegó la paz de Constantino.
El mismo Constantino regaló al papa el palacio que había sido de su esposa, el palacio de Letrán. En sus jardines mandó construir una basílica para que fuera la primera catedral de Roma. La palabra “basílica” era la sala que solía tener el emperador o rey (basileus) para tener grandes recepciones.
La basílica tenía una forma rectangular, de modo que el emperador se colocase en la cabecera. Esta es la forma que adoptó normalmente la Iglesia para sus templos y sus celebraciones litúrgicas. La palabra “basílica” quedó para los templos principales. Y aun en esa categoría sólo cuatro en Roma reciben el título de basílicas mayores.
En el mundo hay más de 1500 templos que tienen la categoría de “basílicas menores”. El papa debe concederlo especialmente, por ser templo hermoso donde concurre gran cantidad de fieles y que tienen unos deberes concretos para recordar su unión con la santa sede de Roma. Templo hermoso no es lo mismo que lujoso, que se debe procurar evitar. San Marcos, Venecia Sagrado Corazón París
En cada diócesis hay un templo especial, donde el obispo tiene su sede o cátedra. Por eso se llama “catedral”. Significa que el obispo desde su catedral tiene el derecho y el deber de hablar o predicar de un modo oficial para toda la diócesis. Suele ser templo hermoso y grande; pero puede haber en la diócesis otros que lo sean más. Muchas catedrales tienen al mismo tiempo el título de basílicas.
Hay otros templos no tan importantes como las basílicas; pero donde acude mucha gente con fervor, principalmente en algunas festividades, sobre todo si ha habido especiales experiencias religiosas. Se llaman “santuarios”. Suelen tener diferentes categorías. A veces a un templo se le sigue llamando santuario cuando ya ha adquirido la categoría de basílica. Loreto Guadalupe Covadonga
Santa María, Aranda de Duero En la diócesis hay diversas parroquias, cada una con su templo parroquial. Suelen estar dedicados a algún título de Jesucristo o alguna advocación de María o dedicado a algún santo. Los hay hermosos, que suelen expresar el fervor de esa comunidad parroquial a través de los años y de los siglos.
Una parroquia puede tener varios templos más pequeños en núcleos de habitantes menores o esparcidos en el campo. Se suelen llamar “capillas”. Lo curioso de este nombre es que parece provenir del templo pequeño dedicado a guardar la media capa que san Martín de Tours dio a un pobre. La gente decía: vamos donde está la capita o capilla de san Martín.
También se llaman capillas a espacios dedicados a Jesús, la Virgen o algún santo, dentro de un templo grande. Aunque todo el templo es lugar de oración, alguna de estas capillas, dentro de un templo grande, se suele destinar más a la oración, que puede ser en forma privada o colectiva. Cuando la capilla de oración está dentro de un convento de una congregación religiosa, se suele llamar oratorio.
El templo, hemos dicho, es al mismo tiempo casa de reunión de cristianos y es lugar de oración. A veces se exagera una u otra cosa. Hay personas que tienen el templo como casa de oración tan estricta que no consienten ni que se diga una palabrita. Y hay otros, para los que prima el sitio de reunión de fieles, que a veces no tienen el suficiente respeto, no tanto por el Santísimo que está allí, sino por los demás que quieren hablar con Dios.
Por eso es bueno que un templo grande tenga su propio oratorio o capilla de oración. El oratorio se fija más en la parte espiritual del templo. Capilla del Pilar, Zaragoza Con ello se da realce a lo que da una categoría esencial a los templos cristianos (por lo menos los católicos) sobre todos los demás templos. Porque no sólo se trata de la presencia de Dios como tal, sino de la presencia de Jesucristo realmente en la Eucaristía.
Los templos, especialmente los importantes, como puede ser una catedral, deben ser consagrados. Consiste en un rito solemne con el cual se declara destinado para el culto a Dios y lugar sagrado. Todos los años se recuerda este acto, para acrecentar el deseo de alabar a Dios. Es la fiesta de la dedicación.
El templo tiene como una significación escatológica. Significa relacionado con la finalidad de nuestra vida. Traspasar el umbral es como pasar del mundo herido por el pecado al mundo de la vida nueva, a la que todos somos llamados. El templo puede significar la casa paterna hacia la que el pueblo de Dios está en marcha y donde el Padre enjugará toda lágrima de sus ojos.
Por eso el templo o la iglesia es la casa de todos los hijos de Dios, abierta y acogedora. Pero a la casa de Dios debemos ir con el corazón limpio, o por lo menos con el deseo de limpiarnos. En este caso vamos con la alegría de saber que Dios nos acoge con mayor alegría cuando nos concede el perdón.
Queriendo ir a la casa del Señor, que es el cielo y aquí se simboliza con el templo, podemos preguntarnos con el salmo 15, cuando le preguntamos a Dios: ¿Quién puede entrar en tu templo y habitar en tu casa, Señor?
¿Quién puede entrar en tu templo y habitar en tu casa, Señor? Automático
¿Quién puede entrar en tu templo y habitar en tu casa, Señor?
Quien procede honradamente y practica la justicia;
Quien tiene intenciones leales y no calumnia con su lengua,
El que no hace mal a su prójimo ni difama al vecino,
Quien no presta dinero a usura ni acepta soborno contra el inocente,
¿Quién puede entrar en tu templo y habitar en tu casa, Señor?
¿Quién puede entrar en tu templo y habitar en tu casa, Señor?
Que podamos acompañar a María en la gran casa del Señor. AMÉN
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