El sacramento de la Uncin de enfermos es













































































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El sacramento de la Unción de enfermos es para los enfermos. Pero ¿Qué enfermos? Antiguamente, y no tan antiguamente, cuando este sacramento se llamaba “Extremaunción”, se creía que era para los que estaban “in extremis”, es decir, casi muriéndose.
Esto hacía surgir el temor cuando se daba este sacramento. Y por eso muchos lo retrasaban tanto, de modo que el enfermo ya estaba sin sentido o estaba ya realmente muerto. Yo recuerdo la 1ª unción que di. Me llamaron a las 4 de la mañana. Cuando llegué, el enfermo estaba muerto. Lo di “bajo condición”.
Recién muerto se puede dar, porque no se sabe si está muerto del todo. Por eso se da “bajo condición”. Pero no hay que esperar tanto. Y por eso la Iglesia ha cambiado el nombre para llamarlo “Unción de los enfermos”, no de moribundos. Así que es para los enfermos que tienen cierto peligro.
Pero resulta que muchos se pasan al extremo contrario. Porque a veces se anuncia en alguna iglesia que va a haber unciones de enfermos y se presentan personas que les duele una pierna o tienen un catarro o cosas parecidas que no proporcionan ningún peligro y que lo que necesitan es una simple pastilla.
Así que el enfermo debe tener algo que ocasione algún serio peligro. Por ejemplo, si hay un enfermo a quien le van a hacer una “operación” bastante complicada, puede recibir este sacramento. Digo “complicada”, porque hoy día hay operaciones muy sencillas, ante las que no se corre ningún peligro normalmente.
Así que es para los enfermos que tienen un cierto peligro de muerte, más que en otra ocasión. Se puede dar también a personas de edad avanzada, que por ello corren algún peligro, porque sus fuerzas están bastante debilitadas. Pero, si uno tiene mucha edad, pero goza de buena salud, no tiene por qué recibir este sacramento.
Otra cosa que debemos saber es que la Unción de enfermos no es como la Penitencia o Eucaristía, que se puede recibir todos los días y más. Por ejemplo, si uno lo ha recibido por avanzada edad, o por una enfermedad, y un año más tarde se les pregunta ¿Cómo sigue? y responden “Igual”, no tienen por qué volverla a recibir.
Puede volverla a recibir quien, teniendo una enfermedad grave, ha tenido un empeoramiento. Es decir, cuando ya no respondería “igual” sino “peor”. Ahora puede recibir una nueva gracia para fortalecer la fe y fortalecerse también ante esta nueva fase de la enfermedad.
Algo que debemos considerar en este sacramento de la Unción de enfermos es que no es absolutamente necesario para la salvación. Se puede ir al cielo tranquilamente sin este sacramento, si uno ha vivido una vida recta. Claro que, si uno sabe todo esto que vamos diciendo, y rechaza estas gracias que Dios nos da, puede ser pecado.
Sería rechazar una gracia apta para bien morir o quizá para bien vivir. Sobre todo por su simbolismo nos ayuda a tener una buena muerte. Pero no hay que tener miedo porque es ir a los brazos amorosos de Dios, nuestro Padre. Nos ayudará a dar ese paso con mayor paz y mayor amor.
Siempre en esos momentos de gran enfermedad, aunque tengamos la ayuda del sacramento, seamos conscientes de que el final de esta vida terrena no es la muerte total, sino una nueva vida con Dios. El sacramento de la unción nos ayudará a fortalecer la esperanza en esa vida eterna con Dios.
No he de morir, viviré Automático
por los siglos de los siglos.
y entraré para dar gracias al Señor.
Esta es la puerta del Señor:
los vencedores entrarán por ella.
No he de morir, viviré
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La Unción de enfermos es para dar más gracia a los enfermos, a los que están en declive de la vida, para que mejor tengan la vida eterna. El signo que suele darse es cuando uno está en peligro de muerte por enfermedad o vejez.
Este sacramento es para aquel que está enfermo “grave”. Esta palabra tiene muchas connotaciones diferentes de un sitio a otro o de una persona a otra. Tampoco orienta del todo el decir cuánto tiempo lleva enfermo, pues hay personas que llevan muchos años con una misma enfermedad más o menos grave.
Alguno pregunta: Si hay un grupo de soldados que va a entrar en una batalla muy dura y se sabe que algunos van a morir, ¿Pueden recibir la Unción de enfermos? Pues NO. Para ellos hay otros sacramentos, como son la confesión y la comunión. En realidad no están enfermos, debilitados, sino que están en peligro y necesitan otra gracia de Dios.
Para esos soldados que van a entrar en batalla, lo primero que necesitan es ponerse en gracia, si no lo están. Para ello es el sacramento de la Penitencia. Si no se puede dar a cada uno, se daría absolución general. Lo importante es que tengan arrepentimiento. Y después, cuando puedan, deben hacer la confesión.
Y algo muy importante, para esos que van a entrar en batalla, sería recibir el sacramento de la Eucaristía, recibido como viático. Y esto porque el sacramento de la Eucaristía ayuda, fortalece y alimenta. Cuando se recibe como viático es recibir la fuerza y el alimento para pasar a la eternidad.
La Eucaristía como viático debería ser, si se puede, lo último, en cuanto a sacramentos, que recibiera un cristiano. A veces se dice que un enfermo ha recibido “todos los sacramentos”. Se refiere a la Penitencia, la Unción y la Eucaristía. Ese sería el orden deseado para un digno fin de la vida en un cristiano.
La Eucaristía como viático es signo del paso de la muerte a la vida: unidos no sólo a la muerte de Cristo sino a su resurrección. Por eso la Eucaristía como viático es para los enfermos que ya se han ido fortaleciendo con La Unción, y también para aquel que sin haber recibido la Unción por no estar enfermo, va a morir por estar condenado a muerte.
Otra cosa que se debe anotar sobre los que pueden recibir la Unción de enfermos, es que lo mismo que para la Eucaristía se necesita que quien lo va a recibir tenga uso de razón, así también la unción. Por eso no se debe dar a un niño pequeño.
El que lo recibe, además de tener uso de razón, debe estar en gracia. Por eso, si puede, debe confesar antes. Y si no, se supone que ha hecho algún acto de perdón. Y más se supone, si ha llevado una vida recta.
Que hermoso si una persona en esos momentos de dolor puede abrir la puerta a Jesús que viene a consolarnos y a darnos su paz y su gracia.
Automático
Te abro la puerta de mi corazón,
Mi debilidad a ti te la doy,
y mi voluntad te entrego, Señor.
Haz morada en mi, Señor.
Haz morada en mi, Señor.
Haz morada en mi, Señor.
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Quien administra este sacramento debe ser sacerdote. No es como en la comunión que la pueden dar fieles cristianos, hombres o mujeres y especialmente el diácono. Para la Unción de los enfermos la Iglesia sigue lo que dijo el apóstol Santiago. Por eso la Iglesia dice que sólo y todos los sacerdotes pueden darla; pero no el diácono.
Algunos traducen la palabra del apóstol Santiago “presbíteros” como “ancianos”, que en otros contextos podría ser. Pero la Iglesia, que tiene el poder de interpretar la Palabra del Señor ante tantas opiniones particulares convencionales que existen, ha determinado que aquí se trata de sacerdotes.
¿Cómo se realiza la Unción de enfermos? Se administra mediante la unción con aceite de oliva y una oración que acompaña a la unción. Lo de que sea con aceite, ya lo dijo el apóstol Santiago. Pero la Iglesia Católica ha determinado que sea con aceite de oliva bendecido por el Sr. Obispo el jueves santo (o día cercano) en la misa de bendición de óleos.
En esa bendición de óleos el Sr. Obispo suele decir una oración larga y sustanciosa, exponiendo muchas de las cosas de estos temas. Se conservan varias de estas oraciones desde tiempos primitivos. No solía ser una oración obligatoria para toda la Iglesia, sino que siguiendo un plan, cada uno lo acomodaba a su manera de ser.
En algunas de estas oraciones, después de exponer las diversas necesidades de un enfermo, solía acabar más o menos de esta manera: “Haz, Señor, que este óleo sea un óleo de alegría, un óleo de santificación, una vestidura real, una coraza de fuerza; haz que rechace toda acción diabólica, que sea un sello seguro, una alegría para el corazón, un regocijo eterno, a fin de que, aquellos que sean ungidos con este óleo de la regeneración sean temibles a sus adversarios, luzcan entre el brillo de tus santos, y que, no teniendo ya ni arruga ni mancha, sean admitidos en tu descanso eterno, y reciban el premio de la vocación celestial”.
El modo de hacer la Unción ha variado bastante a lo largo de los tiempos. Últimamente se ha simplificado, pues solía ser bastante complicado. En tiempos antiguos, por el año mil o antes, los benedictinos solían tener una fórmula muy larga y solían ungir al enfermo casi por todo su cuerpo, como un signo de unidad con toda la Iglesia.
Además no solía hacerlo un sacerdote solo, sino entre varios, especialmente cuando el enfermo era de su propia comunidad. En toda la Iglesia hasta no hace mucho estaba mandado que se ungieran los cinco sentidos. Así se ungían: ojos, oídos, nariz, boca, manos y pies. Así fue durante varios siglos.
Ahora lo normal es que sólo se unge en la frente y las manos. Es más sencillo y la Unción queda ya significada. Y cuando no se dispone de tiempo, porque urge, basta hacerlo en la frente. Lo importante es que el enfermo se sienta ungido por el Señor.
Dijimos que el óleo o el aceite con que se unge a los enfermos debe ser bendecido por el Sr. Obispo el jueves santo. Sin embargo hay una norma nueva de hace pocos años que en caso de necesidad el sacerdote, para ese momento, puede bendecir un poco de aceite, si no tiene el bendecido por el obispo.
Al administrar este sacramento la fórmula que debe decir el sacerdote es: “Por esta santa unción y por su bondadosa misericordia te ayude el Señor con la gracia del Espíritu Santo. Amén. ” Es una fórmula sencilla para no tener que hacer las fórmulas largas de antes. Pero si uno quisiese realizar todas las ceremonias de antes, lo podría hacer.
Luego el sacerdote dice, si puede y tiene tiempo, algunas oraciones muy interesantes en que se pide a Jesucristo, que en su pasión quiso soportar sufrimientos, que avive en este enfermo la esperanza de su salvación y que conforte su cuerpo y su alma.
En la Unción de los enfermos los que tienen la parte predominante son el que administra y el enfermo que lo recibe. Pero también los asistentes tienen sus deberes. Los entendidos suelen poner algunos. Por ejemplo: no inquietar al enfermo con sus lloros o lamentaciones, rezar por él y con él por lo menos con el mismo fervor con que quisiese que otros rezasen si él mismo se encontrase enfermo.
Los asistentes deberían responder a las oraciones del sacerdote y todo lo que pueda ayudar al bien espiritual del enfermo. Por ello no deben esperar al último instante para advertir al enfermo sobre el bien de tener cerca al sacerdote. Sería bueno que el enfermo se adelantare en pedirlo.
Y cuando ya parece acercarse la muerte, la Iglesia pone, para que el sacerdote recite, frases hermosas para que los santos, la Santísima Virgen y los ángeles reciban a aquel que ha pasado por la configuración con Cristo sufriente para llegar a la resurrección.
De esta manera la recepción de este sacramento de la Unción será, como en los santos, un participar más en la muerte de Cristo para prepararse al abrazo de Dios Padre que está esperándonos. Así que no hay que tener miedo. Si le buscamos a Dios en nuestra vida concreta de cada día podremos abrazar a Dios con paz, con alegría y con amor.
Quizá no se ha apreciado debidamente este sacramento. Así que estas ideas nos sirvan para apreciarlo más y ser consecuentes con ello. Qué hermoso cuando antes de estar en la verdadera presencia de Dios, podamos decirle de forma meritoria: “Señor, me tienes ante tu presencia. Oh Señor Jesús, Úngeme”.
Automático
Con dulce voz a ti yo clamaré.
Escucha, buen Señor, mi oración
A ti mi vida entera rendiré.
Oh Señor Jesús, úngeme
Tómame y dame fuerzas
Oh Señor Jesús, úngeme
AMÉN