El Buen Ladrn es uno de los dos
El Buen Ladrón es uno de los dos malhechores que según los evangelios fueron crucificados al mismo tiempo que Jesús de Nazaret. En el Evangelio de Lucas se relata que Jesús dijo al «buen ladrón» durante la crucifixión que antes de que acabara el día, estaría con él en el paraíso.
Aunque ninguno de los evangelios canónicos menciona el nombre de los ladrones, en algunos evangelios apócrifos el Buen Ladrón es llamado Dimas. Aunque nunca fue oficialmente canonizado por la iglesia católica, se le considera como la única persona que fue directamente reconocida como santo por Jesús. "En verdad te digo que hoy estarás conmigo en el Paraíso".
Dice una leyenda, que cuando la Sagrada Familia huía a Egipto por miedo a Herodes, pararon a pernoctar en una casa en la que vivía un niño leproso. La Santísima Virgen después de bañar al Niño Jesús le dijo a la dueña de la casa, que bañara a su hijo leproso en la misma agua que ella había utilizado. Así lo hizo, y el niño quedó limpio. Dimas sería aquel niño leproso.
No sé sabe si esta leyenda es cierta y que en su primer encuentro, el Niño Jesús dejara limpio de lepra el cuerpo del pequeño Dimas, pero si sabemos que al cabo de su vida, le limpió el alma.
En los evangelios apócrifos, el Protoevangelio de Santiago, José de Arimatea hace la siguiente declaración: Se llamaba Dimas; era de origen galileo y poseía una posada. Atracaba a los ricos, pero a los pobres les favorecía. Aun siendo ladrón, se parecía a Tobías, pues solía dar sepultura a los muertos. Se dedicaba a saquear a la turba de los judíos; robó los libros de la ley en Jerusalén, dejó desnuda a la hija de Caifás, que era a la sazón sacerdotisa del santuario, y substrajo incluso el depósito secreto colocado por Salomón. Tales eran sus fechorías.
Según las actas apócrifas la Sagrada Familia, se vio obligada a huir a Egipto, por la persecución de los niños menores de dos años que Herodes el Grande había decretado. José y María encontraron una casa en la que fácilmente se podrían esconder, si les dejaban entrar. Esta casa era la que habitaba Dimas con los suyos. José les pide que los escondan, pues los soldados del rey con sus caballos, ya casi les dan alcance. Pero los habitantes de aquella casa se niegan a ello. En este momento sale el joven Dimas, que seguramente por su carácter y decisión gozaba entre sus camaradas de gran autoridad, y dispone que se queden y les esconde en un lugar tan oculto que la policía romana no consigue descubrirlos, ni puede detenerlos. Jesús promete a Dimas, agradecido, que su acto no quedará sin recompensa, y le anuncia que volverán a verse en otra ocasión y aún en peores condiciones, y entonces será Él, Cristo, quien ayudará a su benigno protector.
En el Evangelio árabe de la infancia del siglo VI, el buen ladrón recibe el nombre de Tito y se relata el episodio del Ataque de los bandidos, en el que unos salteadores atacan a San José y su familia mientras atraviesan un bosque. Uno de los malhechores llamado Tito (El Buen Ladrón), intercede para protegerlos, mientras que el otro que se llamaba Dúmaco (El Mal Ladrón) no accede. La Virgen María bendice a Tito y el propio Jesús profetiza que ambos forajidos serán crucificados. Madre mía, de aquí a treinta años me han de crucificar los judíos en Jerusalén y estos dos ladrones serán puestos en cruz juntamente conmigo. Tito estará a la derecha y Dúmasco a la izquierda. Tito me precederá en el paraíso. Evangelio Árabe de la Infancia, capítulo XXIII.
En la narración de la crucifixión en los evangelios de San Lucas y San Mateo, Jesús se encontraba clavado en la Cruz siendo insultado por la multitud y retado por los romanos y maestros de la ley judía para que se salve a Sí mismo, demostrando su divinidad. A penas acompañaban a Jesús un discípulo suyo, la Virgen María y algunas mujeres piadosas.
Los dos ladrones fueron crucificados al mismo tiempo que Jesús, uno a su derecha y otro a su izquierda. Según el evangelio de San Mateo, ambos se burlaron al principio de Jesús, sin embargo, el evangelio de San Lucas menciona solamente que fue uno: Uno de los malhechores colgados lo insultaba.
De acuerdo con la tradición y el Evangelio de Nicodemo (Evangelio apócrifo), el Buen Ladrón fue crucificado a la derecha de Jesús y el Mal Ladrón, llamado Gestas, a la izquierda. Por este motivo, con frecuencia las representaciones de la crucifixión muestran a Jesús con la cabeza inclinada hacia el lado derecho.
La escena es descrita por San Lucas: “Uno de los malhechores crucificados lo insultaba, diciendo: ‘¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros’.
Pero el otro, respondiéndole e increpándolo, le decía: ‘¿Ni siquiera temes tú a Dios, estando en la misma condena? Nosotros, en verdad, lo estamos justamente, porque recibimos el justo pago de lo que hicimos; en cambio, éste no ha hecho nada malo’. Y decía: ‘Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino’. Jesús le dijo: ‘En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el paraíso’” (Marcos 17, 27 s. y Lucas 23, 39 -43)
Dos personas se enfrentan a la muerte con dos actitudes diferentes. El buen ladrón, lo reconoce como Rey eterno, que cuando parece vencido, espera en El, y aunque está a las puertas de la muerte, cree en Él. Le reconoce como Señor de la vida y de la muerte. Le reconoce como Dios.
Y el otro elige condenarse. Dios respeta su voluntad. "Al que me confiese delante de los hombres, el Hijo del hombre lo confesará delante de los ángeles de Dios; y al que me niegue delante de los hombres, lo negará Él delante de los ángeles de Dios" (Lc 12, 10).
De nuevo en el Evangelio de Nicodemo se hace la siguiente narración de la llegada del Buen Ladrón al Paraíso: ¿Quién eres? Tu aspecto es el de un ladrón. ¿De dónde vienes, que llevas el signo de la cruz sobre tus espaldas? Y él, respondiéndoles, dijo: Con verdad habláis, porque yo he sido un ladrón, y he cometido crímenes en la tierra. Y los judíos me crucificaron con Jesús, y vi las maravillas que se realizaron por la cruz de mi compañero, y creí que es el Creador de todas las criaturas, y el rey todopoderoso, y le rogué, exclamando: Señor, acuérdate de mí, cuando estés en tu Reino.
Santo Buen Ladrón, que eres el único santo penitente que ha sido canonizado por el mismo Jesucristo, tú que en el mismo día de tu muerte recibiste la certeza de tener un sitio en el cielo junto a Jesús, por esa confesión sincera llena de arrepentimiento que desde ese confesionario abierto que es la cruz hiciste en el tribunal del Calvario mientras permanecías junto a Él suspendido en la cruz; tú que antes de que el centurión lo atravesara con su lanza, con tu acto de arrepentimiento y de amor has abierto el Corazón de Jesús a la misericordia y al perdón; tú que para darle una palabra de aliento en su suprema agonía has tenido tu cabeza más cerca de Él que la de su querida madre; tú que supiste orar tan bien, enséñame las palabras con que debo dirigirme a Él para obtener su perdón y la gracia de la perseverancia final; tú que ahora estas tan cerca de Él en el cielo como lo estuviste en sus últimos momentos sobre la tierra, intercede por mí ante Él para que no lo abandone nunca, y así, al terminar los días de mi vida en la tierra, pueda escuchar también yo las palabras que Él mismo te dirigió: "Hoy mismo estarás conmigo en el paraíso. "
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