Analizar con los participantes las causas anteriores de
























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Analizar con los participantes las causas anteriores de las ingratitudes de los hijos para con los padres, esclareciéndolos de que la familia terrena, ofrece a ofensores y ofendidos, oportunidades de aproximación y reajuste. 2
La ingratitud de los hijos y los lazos de familia LEER LOS CUATRO PRIMEROS Y EL SEXTO PÁRRAFOS DEL ÍTEM 9 (SUPRIMIENDO EL QUINTO PÁRRAFO Y EL RESTANTE DEL TEXTO) 9. La ingratitud es uno de los frutos más inmediatos del egoísmo. Siempre causa indignación a los corazones honestos. Pero la de los hijos para con sus padres presenta un carácter todavía más detestable. Es especialmente desde ese punto de vista que vamos a considerarla, para analizar sus causas y sus efectos. En ese punto, como en todos los demás, el espiritismo proyecta luz sobre uno de los problemas del corazón humano. Cuando el Espíritu deja la Tierra, lleva consigo las pasiones o las virtudes inherentes a su naturaleza, y se perfecciona en el espacio, o permanece estacionario hasta que desea ver la luz. Muchos, por lo tanto, se van llenos de odios violentos y de deseos de venganza sin saciar. No
Reconocen entonces las funestas consecuencias de sus pasiones, y son inducidos a adoptar buenas resoluciones. Comprenden que para llegar a Dios, sólo hay una contraseña: caridad. Ahora bien, no hay caridad sin el olvido de los ultrajes y las injurias. No hay caridad con el corazón dominado por el odio. No hay caridad sin perdón. Entonces, mediante un esfuerzo extraordinario, esos Espíritus consiguen observar a aquellos a quienes odiaron en la Tierra. Pero al verlos vuelve a despertarse la animosidad en lo íntimo de cada uno. Se resisten a la idea de perdonar, más aún que a la de renunciar a sí mismos, y principalmente a la idea de amar a los que tal vez les hayan arruinado su fortuna, su honor, su familia. No obstante, el corazón de esos desdichados se ha conmovido. Dudan, vacilan, agitados por sentimientos contrarios. Si predominan las buenas resoluciones, oran a Dios, imploran a los Espíritus buenos que les den fuerzas en el momento más decisivo de la prueba. Por último, luego de años de meditaciones y plegarias, el Espíritu
permiso para cumplir en la Tierra los destinos de ese cuerpo que acaba de formarse. ¿Cuál será su conducta dentro de la familia escogida? Dependerá de su mayor o menor persistencia en las buenas resoluciones que adoptó. El contacto ininterrumpido con los seres a los que ha odiado constituye una prueba terrible, bajo cuyo peso sucumbe en algunas ocasiones, en el caso de que su voluntad no se encuentre aún lo suficientemente firme. Así, conforme prevalezcan las buenas o las malas resoluciones, será amigo o enemigo de aquellos entre los que fue convocado para vivir. De ese modo se explican esos odios, esas repulsiones instintivas que se notan en algunos niños, a las que ningún hecho anterior pareciera justificar. En efecto, nada en esa existencia pudo provocar semejante antipatía. Para comprender su causa es preciso que se dirija la mirada hacia el pasado. No despreciéis, pues, al niño que desde la cuna rechaza a su madre, ni al que os paga con ingratitud.
¡Madres!, abrazad al hijo que os da disgustos, y decíos a vosotras mismas: “Uno de nosotros dos es culpable”. Esforzaos por merecer los goces sublimes que Dios concede a la maternidad, enseñando a vuestros hijos que ellos se encuentran en la Tierra para perfeccionarse, amar y bendecir. Pero ¡ay!, muchas de vosotras, en vez de eliminar por medio de la educación los malos principios innatos que proceden de las existencias anteriores, alimentáis y desarrolláis esos mismos principios con una culposa debilidad, o por descuido. Más adelante, el corazón lastimado por la ingratitud de los hijos os indicará, desde esta vida, el comienzo de vuestra expiación. (San Agustín. París, 1862. )
1. - ¿Cuál es la causa de la ingratitud en el corazón del hombre?
R: La ingratitud es provocada por el egoísmo, sentimiento propio de los espíritus aún endurecidos e imperfectos. La ingratitud es un sentimiento mezquino, que hiere a quien lo recibe y provoca grandes daños espirituales en quien lo practica.
2. - ¿Qué explicación se puede dar a la ingratitud de los hijos para con los padres?
R: Cuando, en la presente encarnación, no hay motivo que la justifique, este sentimiento puede deberse a enemistades surgidas en vidas pasadas. Odios, persecuciones, deseos de venganza, no se apagan con la muerte, sino que atraviesan encarnaciones sucesivas, hasta que se extinguen completamente, dando lugar al amor.
3. - ¿A todo espíritu le es dada la oportunidad de encarnar como familiar de aquellos a quien odió, o por quien fue odiado?
R: Ciertamente que sí. Sin embargo, solamente los espíritus con algún progreso es que desean enfrentar esta prueba, por entender que, para llegar a Dios, es necesario practicar la caridad, perdonando y olvidando las injurias y los ultrajes recibidos. A los espíritus más adelantados es dado entrever una partícula de la verdad; aprecian, entonces, las funestas consecuencias de sus pasiones y toman el propósito de repararlas.
4. - Una vez que el espíritu tomó la resolución de encarnar entre enemigos de vidas anteriores, ¿le es fácil cumplirla?
R: No siempre es fácil la tarea. Para el espíritu le es penoso observar a aquellos que fueron causa de su padecimiento y ruina. Muchos desisten de la prueba; otros, en los cuales predomina la buena resolución, ruegan a Dios y a los buenos espíritus ayuda para enfrentarla y vencerla. Al observar a aquellos a quien odió en la Tierra, el espíritu queda turbado, entre sentimientos opuestos de venganza y perdón. “No hay caridad sin perdón, ni con el corazón lleno de odio”.
5. - ¿Cómo se da la encarnación del espíritu en esas familias?
R: Tras años de meditación y oración, el espíritu obtiene permiso para cumplir su prueba. Se aprovecha, entonces, de un cuerpo en preparación en la familia de aquél a quien detestó, encarnando en él. La encarnación entre antiguos desafectos es oportunidad que la misericordia infinita de Dios nos concede, para expiar faltas pasadas y llegar más rápidamente hasta Él.
6. - Una vez encarnado, ¿qué actitud podrá adoptar el espíritu, para con sus familiares?
R: Su procedimiento dependerá de la mayor o menor persistencia en cumplir las resoluciones tomadas antes de encarnar. Por tanto, conforme prevalezcan o no los buenos propósitos, él será amigo o permanecerá siendo enemigo de aquellos entre los cuales fue llamado a vivir. Para saber la causa de los odios y repulsiones instintivas, manifestadas por ciertas criaturas, sin ningún motivo que los justifique en aquella existencia, se hace necesario volver la vista al pasado. “El grupo familiar es como un santuario para la renovación colectiva, donde se encuentran todos los miembros a fin de crecer juntos, reconciliarse, aprender a servir y a ampliar la capacidad de amar”. Manoel Philomeno de Miranda (Londres, 15 de junio de 2008) Presentación-Trastornos Psiquiátricos y Obsesivos, pág. 11
7. - ¿Cómo debemos actuar ante la ingratitud de los hijos?
R: Reconociendo que no fue el acaso que nos tornó siendo sus padres, ni los hizo así. Buscando todos los medios para superar estas disensiones en la presente encarnación, a través de la educación, de la orientación para el bien, del buen ejemplo y, sobre todo, del amor. “No despreciéis, pues, al niño que repele a su madre, ni al que os paga con la ingratitud…” ¡Madres! Abrazad al hijo que os da disgustos y decíos a vosotras mismas: ¡Uno de nosotros dos es culpable! Enseñad a vuestros hijos que ellos están en la Tierra para perfeccionarse, amar y bendecir a Dios.
La ingratitud de los hijos para con los padres no es fruto del acaso, sino consecuencia de disensiones y odios en vidas anteriores, que deben ser superados en la presente encarnación, por el ejercicio del amor y del perdón, entre los miembros de la familia terrena. Despreciar esta oportunidad significa transferir, para encarnaciones futuras, dificultades que en esta podrían ser superadas.
8 6 ¡Nunca digas que eres pobre! Pobreza no es falta de dinero: pobreza verdadera es la falta de comprensión. El que comprende la vida, que sabe decir una palabra de aliento, que tiende la mano compasiva al que sufre, que sabe inspirar alegría y optimismo, es rico, inmensamente rico de amor, cuas fuentes son inagotables, aunque lo compartas con miles de personas.