1 77 Don de lenguas Espritu Santo 34
































































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1ª 77 Don de lenguas Espíritu Santo 34
Estamos viendo algunos dones o carismas, de los que habla san Pablo en el Cap. 12 de la 1ª carta a los Corintios. Son dones, que se llaman carismas, porque primariamente no son para el bien de la persona que lo tiene, sino para el bien de la comunidad. Vimos el carisma de sanación. Veamos finalmente el “don de lenguas”. Cuando san Pablo hace una lista de carismas, a éste le pone hacia el final, como queriendo decir que tiene menos importancia, aunque tiene la suya, pues todo lo espiritual es importante.
Se suele llamar “el don de lenguas” o “hablar en lenguas” o “cantar en lenguas”. De esto siempre ha habido en la historia de la Iglesia; pero se ha resaltado mucho más desde que comenzó la Renovación Carismática, después del Con. Vat. II. Este don a veces ha sido muy criticado, quizá por no ser entendido. Y comenzamos, porque el nombre parece no bien puesto, porque hablando, como suena, hablar en lenguas podría hacerlo quien habla en inglés, francés, español… Y algunos hablan más de diez lenguas o idiomas.
No se trata de eso, aunque ha habido misioneros que han hablado varios idiomas, como por milagro o una gracia especial de Dios. En la Renovación Carismática tiene otros sentidos, como es la doctrina de la Iglesia, siguiendo especialmente a San Pablo, donde no sólo tiene un sentido sino varios, como ahora vamos a ver. Un sentido es lo que se nos narra en los Hechos de los Ap. , cuando los apóstoles, el día de Pentecostés, llenos del Esp, Santo, comenzaron a hablar la grandeza del Señor. Y todas las personas que habían venido de diferentes lugares de la tierra, les oían hablar en su propia lengua.
Es decir: que los apóstoles hablaban y los oyentes lo comprendían en su propio idioma. Todavía vemos que el texto sagrado no dice que los apóstoles hablasen diversos idiomas, sino que los oyentes lo comprendían. El milagro parece más de comprensión que de hablar, aunque es por causa de hablar, llenos del Esp. Santo. Tampoco este sentido o significación tiene relevancia, cuando se explica lo que pasa muchas veces en la Renovación Carismática.
El sentido más normal del “hablar en lenguas” es un movimiento o una manera especial dentro de la oración. San Pablo lo va explicando muy bien: Es como una oración muy profunda, ayudada por el Esp. Santo. Y tiene relación con lo que el mismo san Pablo dice a los Romanos (8, 26) que nosotros muchas veces no sabemos cómo orar; pero el Esp. Santo nos ayuda, de modo que podamos orar “con gemidos inenarrables”. Por eso yo creo que muchas veces, cuando en la Renovación se dice hablar en lenguas, más bien se trata de que está orando “con gemidos inenarrables”.
Este orar con gemidos inenarrables es como hacerlo con palabras que no se pueden expresar. Muchas veces ni el que lo ha dicho sabe lo que ha dicho; pero sí sabe que ha expresado sentimientos elevados hacia Dios. Y es un don del Esp. Santo, porque le ha ayudado mucho para unirse más con Dios. Esto parecería que es un don dado sólo para beneficio de la persona; y ciertamente lo es, pero también es para ayuda de la comunidad, porque se supone que de esa manera, que lo está haciéndolo en acto público, otras personas pueden sentirse inclinados a participar de corazón en la oración.
En todo esto puede haber un peligro de confundirlo con un acto psicológico plenamente natural. Siempre suele haber alguna persona emocionada ante esa oración y entonces o en otra ocasión, sujestionada por el recuerdo, llega a pronunciar varias de esas palabras o expresiones, sin que sea ningún don del Esp. Santo, ni gracia especial de Dios. Es diferente de quien lo dice expresando en su corazón un amor ardiente hacia el Señor, a quien se dirige en la oración.
Otra cosa diferente es otro don de lenguas de que habla san Pablo, y suele haber muy poco en la Renovación Carismática, aunque siempre hay algo. Es cuando uno, por la fuerza del Esp. Santo, debe dar un mensaje especial a la comunidad. Y se siente cómo esa persona pronuncia ese mensaje en un idioma desconocido, normalmente muy antiguo. En ese caso, debe haber otra persona que lo interprete. Aquí se dan dos dones, el que recibe el mensaje y el que sabe interpretarlo. De esto habla san Pablo a los de Corinto.
En Corinto parece ser que había varias personas con este carisma. Y lo que quiere hacer san Pablo es poner un poco de orden. Por eso, hasta dirá que no hablen varios a la vez, sino que se conserve el espíritu de oración. Así que, cuando se habla del don de lenguas, habría que saber matizar el sentido y la razón. Lo principal es que haya mucho amor y que invoquemos de corazón al Esp. Santo para que nos ayude a saber mejor orar, que es hablar con Dios. Quizá se nos ha enfriado algo la llama del Espíritu. Pidamos que siempre la tenga ardiendo de amor.
Ven Espíritu de Dios, Automático
y de tu amor enciende la llama.
Ven Espíritu de Amor,
ven Espíritu de Amor
y de tu amor enciende la llama.
Ven, Espíritu de Dios.
y de tu amor enciende la llama.
Ven, Espíritu de Amor.
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Sobre el primer significado del don de lenguas, como quien habla diversos idiomas, aquí no tratamos de los que hablan diversos idiomas, porque los han aprendido, sino de lo que puede ser un don del Esp. Santo. Al final del evangelio de san Marcos, Jesús envió a sus apóstoles a predicar por todo el mundo y les dio señales prodigiosas para la buena evangelización. Entre ellas estaba el poder “hablar lenguas nuevas”. Este era un don grande, porque se trataba de un don milagroso.
Se dice de san Francisco Javier que, como recorría tantas regiones diferentes y distantes en la época antes de ir a Japón, le era imposible casi ni aprender dos palabras de algunos idiomas; pero él, con la fuerza del Esp. Santo, se lanzaba a predicar, y parece ser que todos le entendían, con lo cual hacía miles de bautizos hasta cansársele las manos. Parece ser que en parte les ha sucedido a algunos predicadores. El Esp, Santo hace quien les escucha reciba en su corazón el mensaje gratificante de Dios.
Sobre el sentido más general de que el hablar en lenguas es que está orando efusivamente “con gemidos inenarrables”, parece ser que es lo que más pasaba en Corinto. Dice el libro de los Hechos de los Ap. (19, 6) que, cuando san Pablo bautizó en Éfeso a unos pocos hombres, “descendió sobre ellos el Esp. Santo y hablaban en lenguas y profetizaban”. Parece que algo parecido habría sucedido en Corinto, que no estaba muy lejano, con más personas. Este hablar en lenguas, parece que se trata de orar entusiasmados “con gemidos inenarrables”.
Este don de hablar en lenguas parece que san Pablo no lo da mucha importancia en comparación con otros dones, ya que al hacer alguna enumeración, el hablar en lenguas lo pone como al final, señal de ser menos apreciado. Esto no quiere decir que no tuviera importancia, sino que a san Pablo le gustaba el orden. El hablar en lenguas es como para hablar con Dios, lo cual puede ser muy provechoso para esa persona; pero para el provecho de la comunidad es mejor algo dirigido a ella misma.
Si quien está inspirado va a dar un mensaje en lengua extraña, de parte del Esp. Santo, debe haber otra persona que lo interprete. No se trata de una traducción, sino interpretar el mensaje, que normalmente es con otras palabras y hasta más breves. De tal manera que a veces termina un poquito antes que el que dicta el mensaje. Esto es porque el Esp. Santo se lo transmite a las dos inteligencias al mismo tiempo. Este sería el verdadero sentido del don de lenguas, según san Pablo, don que se daría muy pocas veces, como se ve en la Renovación carismática, y como lo testifica el P. Emiliano Tardiff, gran sanador y profeta.
Por todo ello, continúa san Pablo diciendo que de poco sirve a la comunidad, si hay uno que dice un mensaje divino, en lengua tan extraña que ni él sabe lo que ha dicho, si no hay quien lo interprete. Por eso, dice san Pablo que mejor es que esa persona, que tiene ese don, se calle ante la comunidad, ya que se prestaría a varios inconvenientes. Claro, que a esa persona en particular, aunque no lo entienda del todo, le puede servir mucho para su oración particular y su mayor entrega en las manos de Dios.
Y dice san Pablo algo interesante: que aunque esa persona, que recibe un mensaje del Esp. Santo, no sepa o entienda qué es lo que significa, está presentando una realidad: “EL ESPÍRITU REZA”. Y en la carta a los Romanos dirá que el Esp. Santo nos enseña a orar “con gemidos inenarrables”. Se trata, por lo tanto, de ir creciendo en la oración particular, bajo la enseñanza del Esp. Santo. Así que nos enseña una actitud esencial en la oración: la actitud de niños (balbuceando), puestos en las manos del Señor.
Por lo tanto, el rezar con gemidos inenarrables, como es muy normal en muchos de la Renovación Carismática, puede ser muy bueno, como testimonio para los que no tienen mucha fe; para que se den cuenta que el Esp. Santo sigue entre nosotros, está vivo. Lo único que san Pablo les decía a los de Corinto, es que guarden un poco de orden, porque si de repente hay veinte o treinta que quieren dar su testimonio, se arma un pequeño o grande lío. Por eso, a los que tienen (o creen tener) un mensaje, si no hay intérprete, mejor les va si están callados y lo conversen en particular con Dios (o con el Padre eterno, o con el Hijo o con el Esp. Santo).
Este hablar en lenguas con orden, vale lo mismo o más, cuando se trata del “cantar en lenguas”. A veces se quiere cantar varios a la vez sin orden, desajustados y peor es con mal oído. Bueno es cantar en tonos antiguos, como gregoriano, pero con orden, ¡Qué hermoso es cuando un grupo va repitiendo, bien ajustados, un mensaje o una jaculatoria; algo así como diciendo: SEÑOR MIO Y DIOS MIO.
Señor mío y Dios mío Automático
Señor mío.
…y Dios mío.
Señor mío.
Señor mío.
…y Dios mío.
Señor mío. Hacer CLIC
Hablar en lenguas, sea de una u otra manera, al ser un don del Esp. Santo, es una gran bendición y debe traer gozo al creyente. Y muchas más bendiciones tendrá si hace un bien a otras personas. Dice san Pablo que quien habla en lenguas a sí mismo se edifica. Y luego habla sobre cómo va edificando a aquellos que van escuchando esas bendiciones de Dios. Pero para que eso sea verdad y no sea nada más algo natural psicológico, se deben dar varias condiciones.
Una condición es que tenga una actitud de humildad. También podríamos decir: de sencillez infantil, porque ante Dios hay que hacerse niños. Por eso a veces no es malo el hecho de tener una prueba de humillación, de modo que hasta pueda pasar algún rato de vergüenza de sí mismo. Irá entrando la gracia y la paz en esa persona, de modo que se vaya transmitiendo en las personas que están en su entorno.
Es necesaria una actitud de profunda oración. No se trata de que uno quiera ese don, a todo trance o como para lucirse, y quizá lo quiera aprender como de una manera mecánica, palabras sin conexión o palabras raras para aprenderlas de memoria. NO. Se trata de dejarse que el Esp. Santo se lo quiera entregar, si le parece bien, quizá porque se ha preparado por medio de una entrega fiel. Entonces le hará un gran bien a él y lo hará a otras personas.
Y se entiende que desea ese don para mejor alabar al Señor y poderle bendecir con la comunidad. - Y para desear dicho don, hay que creer en el don, sabiendo que es un don de Dios. Y que por encima de todos esos dones está siempre la caridad, como lo dice bien claramente san Pablo. Porque sin caridad, no valdrían para nada.
Y debe estar en una actitud de acción de gracias por el don. El mismo san Pablo decía que daba continuas gracias a Dios, ya que sentía que tenía este don de hablar en lenguas tanto o más que las otras personas. – Y debe recordar que ese don es sobre todo para hablar con Dios, aunque sea beneficioso para otras personas de la comunidad. Al fin y al cabo es oración. Y la oración es hablar con Dios.
Y como es un don bueno, se puede pedir, ya que todas las cosas buenas se pueden pedir a Dios. Y, como nos enseñó Jesús, si es algo bueno y se pide con fe, creamos que lo tenemos concedido. Y es bueno, porque es algo propio del Esp. Santo.
Otra cosa necesaria para aquel que lo desee, es buscar el apoyo de los hermanos experimentados, además de orar con fe. Nos debemos dar cuenta que todos estos dones del Esp. Santo suelen ir conectados unos con otros. A l. as personas buenas que abundan en un don del Esp. Santo, les es mucho más fácil conseguir otro, aunque la venida de estos dones no es igual en unas personas y en otras.
Resulta que a unos les llegan de forma inesperada o de repente, mientras que otros van dando unos pasos más normales en su consecución o en la preparación que quiere ver el Esp. Santo. Es algo así como un niño que comienza a caminar, que empieza ayudado por otros. Así es el cristiano hasta que logra entregarse fielmente al Esp. Santo. La preparación consiste sobre todo en saberse entregar.
Ya en la preparación, el Esp. Santo nos ayuda, porque cumple con el compromiso dado por Jesucristo. Y como quiere ayudarnos, haciendo nosotros nuestra parte, quiere que le invoquemos y se lo pidamos. Por eso de corazón le debemos decir que venga, que es como decir que nosotros vamos hacia Él. Así que de corazón le digamos: VEN VEN, ESPÍRITU DE DIOS, VEN SOBRE NOSOTROS.
Automático
Espíritu de Dios.
VEN,
Ven sobre nosotros.
Tu presencia en medio del pueblo
nos empuja a la libertad.
Espíritu de Dios.
VEN,
Ven sobre nosotros.
Eres vida que nos vivifica.
Eres luz que nos ilumina.
Espíritu de Dios .
VEN, VEN ,
Ven sobre nosotros. Con la Madre María.